La popular Iglesia de San Miguel utiliza el granito para sus elementos principales. La fachada principal tiene una verticalidad que contrasta con el cuerpo bajo. Los alzados son despojados y se limitan a lo esencial. También llama la atención la sencillez y funcionalidad de la planta, compuesta por una sola nave, cabecera y sacristía.
La tendencia decorativa interior, aunque modesta, trata de distinguirse del despojado exterior. Aquí, la talla dorada y policromada cobra protagonismo, con formas y colores sensibles.
Los dos retablos laterales, dedicados a Nuestra Señora de la Asunción y a San Miguel Arcángel, su patrón, son producto de la misma campaña de mejoras y actualización estética que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XVIII.
El retablo mayor es anterior y constituye un ejemplo más de la larga fase de introducción del estilo barroco en los retablos del nordeste de Trás-os-Montes. Las dos formas utilizadas son barrocas, pero adaptadas a la rectitud de la tradición clásica, y esto a principios del siglo XVIII.